Diego Hernández

AMADO GARZA

Enólogo

En su rancho el Mogorcito, este regiomontano de nacimiento, pero enamorado de la tierra Ensenadense, buscó un proyecto de retiro para él y su familia, y aunque el plan inicial era que este rancho fuera una casa de descanso, como el mismo lo dice, para no hacer nada, ahora la actividad vinícola impregnan el ambiente y la tierra.

El clima, la vida del valle, la cercanía a San Diego y el ambiente tranquilo conquistaron a este empresario del ramo de la construcción, que optó por construir en su rancho toda la vinícola.

El legado parece haber conquistado también a sus hijas, pues la menor, Ana Gabriela ha decidido estudiar enología y trabajar de la mano de Amado en la bodega, mientras que la mayor busca completar el concepto y ofrecer un rincón gastronómico para que puedan acompañarse los vinos de su padre.

Al cuestionarle cual es la forma de definir sus vinos, todo puede concretarse en que son hechos con cariño, cuidados como bebés y con pocas manos para que sea más controlado el proceso, desde el viñedo hasta el embotellamiento y el etiquetado que es hecho a mano.

Amado, al igual que muchos enamorados del vino, se apoya en Hugo D’Acosta para la asesoría en la bodega, pero el amor por el campo que heredó de su familia dedicada a la charrería, le han permitido conectarse con el viñedo y trabajarlo para obtener los mejores resultados.

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